Cacique Quimbaya que orientó su tribu en la orfebrería, alfarería y agricultura. Gran guerrero y visionario del destino de los suyos. Ya anciano, al morir dijo: “sin escritura estamos en manos de los españoles. Sólo el oro y la arcilla, en la tumba de nuestros antepasados, hablaran por nosotros; silos descubren la historia no nos tendrán misericordia. (Tomado de El Tesoro de los Quimbaya, de Hernán Palacio Jaramillo).
La estatua de Tacurrumbí fue erigida en el año de 1992 y originalmente se esculpió mediante la técnica conocida como “Bronce a la cera perdida”. La estatua del Tacurrumbí por el escultor boyacense César Gustavo García quien diseño las estatuas que se encuentran en el parque nacional del café, entre otras las de Tacurrumbí que se repite entre los turistas que recorren los escenarios más visitados como son la Plaza de Bolívar de Montenegro y el propio parque de la cultura cafetera. Esta mención está relacionada con la etnohistoria de la época del contacto hispánico en la región Quimbaya después de 1541.
En su obra escrita, el historiador Juan Friede se refiere a la existencia de muchos cacicazgos en esta región bañada por el Cauca medio. Uno de ellos, en lo que hoy es Chinchiná, era comandado por Tacurumbí, nombre que estará ligado a la “rebelión de los Quimbaya” en el año 1542 y porque era el principal, también llamado el cacique mayor. Se cuenta que los indígenas comenzaron a preparar planes de ataque, con el fin de exterminar a las huestes conquistadoras, aunque uno de sus objetivos se había centrado en eliminar al capitán Miguel Muñoz, ya que este oficial había asesinado a muchos indígenas y sus procedimientos se consideraban crueles y despiadados.
En un “juicio de residencia” al que fue sometido por las autoridades de la colonia, se pudo comprobar que había torturado y asesinado a varios caciques, entre los cuales se mencionan a Uribi, Arisquimba, Chalima y Tanambí. Se le condenó a “tres años de galeras en España, a la privación de sus encomiendas, a perpetuo destierro de las indias y a la multa de cinco mil castellanos favor del fisco” (Friede, en “La rebelión de los Quimbayas en 1542”. Lecturas Dominicales en el Tiempo, 4 de febrero de 1962).
Más específicamente, sobre Tacurumbí hay menciones en el mismo documento, porque de él se dice que convocó a varias reuniones de caciques en su territorio, con el fin de atacar, pero también de tratar casos de espionaje y delaciones:
Tacurrumbí fue conocido cacique de la tribu Quimbaya reseñado por los cronistas españoles que escribieron sobre el proceso de conquista y colonización de los hispanos en las tierras americanas (Cieza 1545).
Cieza es uno de los historiadores ibéricos que cuneta el papel del cacique Quimbaya en esta región y su estatua en el parque principal de Montenegro, reconoce el periodo de nuestra historia y los valores culturales y artísticos de las comunidades precolombinas.
Este monumento se levanta en uno de los extremos de este espacio público para refrescar la memoria de los nativos de la región y los recuerdos de nuestros visitantes.
En la plaza de Montenegro, con un nombre inicial tomado de la referencia histórica escrita, ha cambiado su denominación por un término más sonoro y que poco a poco